Civilización de la legalidad

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En México
Civilización de la legalidad
10.08.2013

En México no hay Justicia. Existe una Corte de ‘Justicia’ de la Nación con un sistema de legalidad a conveniencia del gobierno federal en turno, o de los amos de la nación: pequeño puñado de millonarios, enriquecidos con el trabajo de los obreros generadores de riqueza.

Hay recientes escándalos jurídicos, sociales y políticos; exoneración de gente ya juzgada, puestos en libertad, como los casos de Florence Cassez, Raul Salinas de Gortari,  Rafael Caro Quintero; Pablo Salazar Mendiguchía, en Chiapas.. O ángeles de luz dentro de la Corte que en su vida real son auténticos demonios,  como el exministro   Genaro  Góngora Pimentel, que tantos baños de pureza se daba.

Someto a consideración de quienes hagan favor de leerme–y en especial a mis amigos de la Universidad de Antofagasta, Chile–un pequeño dosier de textos cautivos en mi blog. Quizá el lector acucioso observe párrafos repetidos; carezco de tiempo y elegancia para redactar la misma idea con otras palabras y con frecuencia me plagio a mi mismo. Un concepto ecoico, inaudible como el ultrasonido, se repite hasta el cansancio: (”… ¿cómo proteger a la persona frente al peligro de ver menoscabada su libertad, ante la prepotencia de jueces mexicanos y las potenciales arbitrariedades del poder? ¡No es infrecuente observar que el estricto apego a la legalidad de plena validez jurídica a los atentados contra la persona, con tal de revestirlos con el ropaje formal de la ley!…”)

Surge en mi mente las voz del controvertido Baltasar Garzón: “¿Juez moderado?… ¿Juez temeroso? No. En el momento en que un juez tenga miedo de sus propias decisiones ha de abandonar la carrera porque…ya está prevaricando. Si deja de aplicar una ley justa, por temor a que le critiquen, a que le persigan, a que le difamen, a que perturben su vida privada, a que le maten…ese juez está mediatizado, ese juez ya es parcial: su miedo es su parte. Si nota eso, que cuelgue la toga y se marche a su casa.” (Pilar Urbano. Garzón. El hombre que veía amanecer. Barcelona: Plaza & Janes Editores. 2001).

Sé que hay muchos jueces virtuosos; otros, no tanto;  eso se aprecia en los frutos. «El diablo tiene la cara muy fea, y, como sabe tanto, no se expone a que le veamos los cuernos. No va de frente.» También sabemos–lo dijo Teresa de Ávila–que el infierno está lleno de bocas calladas. Y en estos tiempos de tibia transigencia, urge llamar a las cosas por su nombre.- M.G.

Dosier: Enlaces

Garabatos de la Justicia

El Legislador y la ley infame

Sofistas en la Corte

Conversión e la Corte (I)

Conversión en la Corte (II)

La Corte y el Presidente

La Corte de Florence

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