La creación del diablo

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¿Sutileza demoniaca?
La creación del diablo
Manuel Gracián Barrera
19. ene. 2016

En la postrimería del siglo XX Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, declaró que el diablo “es una presencia misteriosa pero real, personal y no simbólica, una realidad poderosa, capaz de inmensas atrocidades como lo demuestra la historia”.

Dicen que no es teológicamente correcto hablar del demonio; ¿según quién?: los teólogos que fabrican teologías a su medida. “Si la luz redentora de Cristo se apagara, el mundo caería en el terror y la desesperanza, pese a toda su ciencia y tecnología”, advirtió en su comentario finisecular el cardenal Ratzinger.

¿Es la concepción del diablo, una representación del mal en abstracto? “El mal, si puede ser objetivamente personificado en alguien, tiene en Satanás su perfecta hipóstasis”, ha definido Gabrielle Amorth, exorcista de Roma y presidente emérito de la Asociación internacional de exorcistas. Los ángeles fueron creados a la vez que las creaturas corporales, en opinión de doctores de la Iglesia y del propio Tomás de Aquino. Los ángeles no constituyen un universo aparte; ¡ángeles y creaturas corpóreas constituyen un solo universo!

¿Quién es Satanás?: la principal creatura angélica creada por Dios. La tradición rabínica asegura que era el espíritu de mayor importancia delante del trono de Dios. Fue dotado de 12 pares de alas, el doble de los propios serafines (Pirké de Rabí Eliécer, 13).

El pecado del ángel fue una operación posterior a su creación; el diablo no fue malo desde el primer instante de la creación. ¿Medió algún tiempo entre la creación del demonio y su caída? El ángel fue creado en gracia; pecó después del primer instante de su creación: ejecutó un acto de libre albedrío en el preciso momento en que fue creado.

Satán apeteció ser como Dios, por semejanza. “Su deseo de ser semejante a Dios consistió, como fin último, en las cosas que podía conseguir por la capacidad de su naturaleza, y no con la ayuda divina, según la disposición de Dios” Y junto con él, envuelto en el misterio, como exhortación persuasiva, el pecado de Satanás fue causa de pecado para muchos ángeles. Todos los demonios están sometidos a aquel primer rebelde. “En el orden de la justicia divina está dispuesto que, si alguno consiente en la culpa sugestionado por otro, en castigo queda sometido a su poder” (Tomás de Aquino, Suma Teológica, ‘Tratado de los Ángeles’). “Cada cual es esclavo de quien le venció” (2 Pe 2, 19).

¿Y cuantos ángeles siguieron a Satanás? El Apocalipsis habla de miríadas y miríadas de ángeles. Si consideramos que una tercera parte de ellos renegó de su creador, resulta impresionante el testimonio del demonio, a través de un poseso: “Somos tantos, que si nos hiciéramos visibles, ocultaríamos la luz del sol” (Amorth, Nuevos relatos de un exorcista, p. 30).

De nuevo el ‘Mysterium iniquitatis’: ¿es el malo omnipotente y domina al mundo de manera absoluta?… El mal no viene de Dios, no está en Dios, no existía al principio. Dios no ha creado al mal (Marcos, ‘el monje’). El mal es una invención del diablo y también del hombre que fue seducido por Satán, para apartarse de Dios. Y ambos, en cierta manera, se han convertido en creadores y artesanos del mal en el mundo, una auténtica simbiosis de la voluntad diabólica y de la voluntad humana.

Campos de concentración, cámaras de gas, gulags; exterminio de judíos, gitanos, ucranianos, africanos, palestinos, sirios, cristianos; asesinatos del estado islámico; holocausto interminable de niños en gestación en el claustro materno; crímenes abominables de los narcotraficantes y zetas; impune crueldad policiaca y de las fuerzas armadas: ¡creaciones concomitantes del diablo y del hombre!

“Resulta más difícil amar a Dios que creer en Él. Por el contrario, para la gente de este siglo, es más difícil creer en el diablo que amarlo. Todo el mundo lo siente y nadie cree en él. Sublime sutileza del demonio”. (Baudelaire).- Mérida, Yucatán, Ciudad Blanca.

 

 

 

 

 

 

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