México, ciudad mítica

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Ilusionismo legislativo
México, ciudad mítica
5 Oct 2011

El Distrito federal es una entidad mítica.  Surgió de la Constitución de 1824, como lugar de residencia de los poderes federales.  Los centralistas del siglo diecinueve (1836) desaparecieron el Distrito Federal y lo transformaron en el Departamento de México.  Al restaurarse el federalismo, resurgió el Distrito Federal (1846-47).  Santa Anna, en su postrera dictadura (1854), lo convirtió en el Distrito de México.  Tiempo después, gracias al ilusionismo legislativo, el Distrito Federal renació de su despojo.

En el mundo virtual, se da la posibilidad constitucional (art. 44) de trasladar los poderes federales a otro lugar.  Se erigiría el Distrito Federal en el Estado del Valle de México, con límites y extensión asignados por el Congreso General.

Ya en el mundo real, ante el desmedido incremento de la población capitalina, el Distrito Federal ha vuelto a desaparecer.  Esta vez ha sido engullido por la Ciudad de México.  ¡Ahora la Ciudad de México es el Distrito federal!

Se da en esta ciudad prodigiosa la competencia entre dos imperios: el que corresponde a la Federación, y el que  le compete como entidad federativa de la República Mexicana.   Y a pesar de la monstruosa simbiosis, ingeniosos avances legislativos han definido claramente la estructura del Distrito Federal.  El artículo 122 constitucional (1996) demarca nítidamente las competencias del Congreso de la Unión, del Presidente de la República, de la Asamblea Legislativa, y del Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

El Jefe de Gobierno tiene a su cargo el Ejecutivo y la administración pública.  Sin embargo, sus facultades son muy restringidas.  Básicamente es un iniciador de leyes o decretos, ante la Asamblea Legislativa. Además, el Senado de la República—o en sus recesos la Comisión Permanente—puede removerlo “…por causas graves…” (Fracción F del art. 122).

En la realidad el verdadero gobierno del Distrito Federal lo ejerce la Asamblea Legislativa (por medio de la mayoría de sus diputados).  Y aunque está facultada constitucionalmente para expedir su propia Ley Orgánica, también está obligada a seguir los lineamientos del Estatuto de Gobierno, expedido por el Congreso de la Unión.

Por todo lo anterior se infiere que en la Ciudad de México hay un Jefe aberrante, que no es jefe sino marioneta;  una Asamblea Legislativa supeditada al Congreso General; y un revoltijo de leyes que esfuman y recrean, veleidosamente, una entidad federativa: el Distrito Federal. ¡Leyes que  desaparecen ciudades ante el capricho partidario!

No cabe duda, la Ciudad de México, el Distrito Federal, es una ciudad del ensueño.- M.G. 5 Oct. 2011

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