Narrativa campechana

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En memoria Seymour Menton (1927-2014)

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Narrativa campechana
Manuel GRACIAN
08. Mar. 2014

La narrativa en Campeche finisecular puede considerarse fecunda. Después de un quietismo prolongado irrumpió en el medio un libro de cuentos, Tiempo sin reposo, de José Luís Llovera Baranda. Pequeño libro de 77 páginas, con siete cuentos, editado por el Ayuntamiento de Campeche, impreso en la Editora Dosis de la ciudad de Mérida, el 26 de marzo de 1975, con una tirada de 1000 ejemplares; el dibujo de la portada y las ilustraciones, de Robert Palmer; el prologuista, Guillermo González Galera.

Una peculiaridad acompañó al texto: Llamada anónima, uno de los cuentos de la edición, mereció el Premio Nacional de Cuento en diciembre de 1974, en Celaya, Guanajuato.

La aparición de ese libro constituyó un acontecimiento literario en Campeche. Como antecedente inmediato, Paseo de mentiras (1940) y toda la exuberante cuentística de Juan de la Cabada; casi en el recuerdo Cuentos románticos, de Justo Sierra, integrados en un volumen en 1896.

En septiembre de 1977, Llovera fatigó un segundo tomo de cuentos, Este mar no tiene noche. Con motivo del bicentenario de la titulación de la ciudad de Campeche, el Ayuntamiento de Mérida, Yucatán, auspició el tomito de 73 páginas; nueve cuentos, impreso en Editora Los Aluxes; portada y viñetas de Sergio Cuevas Avilés, excelente pintor calkiniense.

En 1976 y 1977 Guillermo González Galera obsequió dos cuadernos, de 40 y 80 páginas, publicados por la Universidad del Sudeste. El primero, Historia y leyenda del Cristo Negro de San Román; el segundo, Leyendas apócrifas, con un epígrafe que reza Folklore campechano. Ambos cuadernos ilustrados por el artista campechano Manuel de la Cruz Martínez. Las leyendas de González Galera, fundadas en la autenticidad de sitios históricos, fue el resultado de la imaginación del autor, como cuenta en el prólogo. Las 13 leyendas fueron publicadas como contribución de la Universidad del Sudeste a la conmemoración del bicentenario de Campeche.

En 1978 apareció nuevo libro de cuentos titulado Escritores campechanos contemporáneos, editado por el gobierno del estado de Campeche, impreso en los talleres Díaz Maza de la ciudad de Mérida, con tirada de 1500 ejemplares. Libro de 98 páginas con 12 cuentos escritos por cinco autores: Enrique Escalante, Guillermo González Galera, Ricardo Hernández, Adalberto Muñoz Ávila y Brígido A. Redondo. Este último, poeta, prologuista del volumen.

En 1982 un colectivo publicó Sumario de Ficciones, pequeño libro de siete cuentos y 25 ficciones breves, en 79 páginas. Editado por el ayuntamiento de Calkiní en la Imprenta Elín, de Bécal; diseñó la portada César May Tún. La Universidad del Sudeste decidió apartarse de su programa de reimpresiones; incursionó en un libro de cuentos, Diez +uno; los autores, A-Berzunza-Bravo-Espadas-Gantús-MacGregor-Novelo-Pérez. Veintiséis breves cuentos, un ensayo y siete poemas, casi un folletón.

En 1981 Manuel Gantús Castro editó su propio libro de ocho cuentos, El viejo y el niño, con portada de Sergio Gracián, pintor campechano. Cinco años después, nuevo tomito de cuentos, con 56 páginas, La canícula. Destaca un cuento: Los barcos de papel, donde Gantús narra la fallida guerra naval en su infancia y el viaje lejano e incierto de un amigo querido.

Quedó como en otra dimensión la novela de Candelario Villarino Pérez, narración sentimental, anecdótica, La inteligencia personificada, melodrama de fuerte tinte autobiográfico. Volumen de 189 páginas, prologado en 1975 por Guillermo González Galera; no se indica el editor; se alude y agradece al rector de la Universidad del Sudeste, a la sazón Ermilo Sandoval Campos, al director del Instituto Campechano y al presidente municipal de Campeche. Meses antes, De todo como en botica, del estupendo humorista campechano Manuel Lanz Peña.

Debo a la inteligencia y generosidad de Aída Alcalá Campos información sobre narradores campechanos de trascendencia en la actualidad. Carlos Vadillo Buenfil, Donde se fragmenta el oleaje, Los que callan y otros silencios, libros de cuentos. Segundo Premio Sur de Novela Corta en Málaga, Te están buscando. Y, Tus ojos serán silencio, XXXI Premio Cáceres de novela corta, en el años 2006. El propio Vadillo tiene una publicación donde registra a los narradores campechanos, La piel del mar. Cuatro décadas de narrativa campechana 1950-1989.

Eduardo Huchín, Escribes o trabajas, es de los narradores más jóvenes. Otro más, que escribe poco, Salvador Novelo, Mago del Sur. De nuevo un calkiniense fatigó el cuento La noche de los osos, sobre el desarrollo del carnaval en Nunkiní. El paliceño Ambrosio Gutiérrez ha escrito dos novelas, Encarnación, y Amor jurado. El carmelita Radamés Novelo, El Palizada es un río manso. ¿Y nos faltan los narradores campechanos en lengua maya?…

Sería aportación importante de la Universidad Autónoma de Campeche, brindar a la población campechana—como el caso en Monterrey, la Capilla Alfonsina—toda la narrativa campechana, completa, para los lectores ávidos de conocer nuestra memoria y nuestra identidad literaria campechanas.

Los llamados con cariño campehuaches como José Emilio Pacheco, de muy feliz memoria; Silvia Molina, Enzia Verducci, Hernán Lara Zavala, admirables narradores, al carecer de auténtico espíritu campechano, no se les puede considerar representantes de la narrativa de Campeche.

Acude a mi mente una pregunta constante ¿se escribe para trascender, para ser leído, para compartir experiencias imaginadas? Encuentro una respuesta prestada, aún sin aceptarla de raíz: las obras de arte menores–según Seymour Menton–resultan importantes por la luz que proyectan sobre determinadas tendencias y rasgos locales. Todas las novelas y cuentos dan testimonio de la vitalidad de un movimiento; sin importar su calidad, contribuyen a recrear la historia social–real o imaginada–de un período especial.- M.G. 

 

 

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