¿Presidente reformista?

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¿Presidente reformista?
Manuel Gracián
7. Jun. 2015

En mayo de 2012 en la ciudad de Campeche tuve una conversación con Enrique Peña Nieto (EPN), en aquel entonces candidato a la presidencia de México. Fue un encuentro circunstanciado. Por espacio de una hora intercambiamos frases irrelevantes. Tuve la impresión de conocer a un joven político, educado, respetuoso, tranquilo, sencillo e interesado por el bien de la gente. Desde entones, no lo he vuelto a ver personalmente. Percibí que, a pesar de sus atributos humanos, no estaba preparado para ser presidente de México. Quedé preocupado por él y por nuestro País.

Posteriormente observé enconada agresividad de muchos medios de comunicación sobre Peña Nieto; me pareció resentimiento social reprimido largamente, contra una designada víctima involuntaria. La proyección mediática de un presidente débil, fue una de las causas sustantivas.

Como en un parto normal, a los nueve meses de gobierno, el 1o. de septiembre de 2013, EPN envió su primer informe administratrivo. Definió un objetivo claro: “mover y transformar a México para llevarlo a su máximo potencial”, para citar sus palabras. Dejó establecidas cinco grandes metas nacionales: México en paz, México incluyente, Mexico con educación de calidad, México próspero, México como actor de responsabilidad global. Y formuló tres estrategias transversales: Democratizar la productividad, gobierno cercano y moderno, y gobernar con perspectiva de género.

El 2 de diciembre de 2012 el presidente y las principales fuerzas polìticas subscribieron un pacto por México, y se ejercieron gradualmente diversas reformas transformadoras: Reforma energética, Reforma de telecomunicaciones y radiodifusión, Reforma en materia de competencia económica, Reforma financiera, Reforma hacendaria, Reforma laboral, Reforma educativa, Código Nacional de Procedimientos Penales, Nueva ley de amparo, Reforma polìtica electoral y Reforma de transparencia.

En un tiempo record de 20 meses, se implemenntaron 11 reformas estructurales de fondo, lo que fue considerado hito histórico, por líderes nacionales y extranjeros. Los inversionistas vieron un México con economía estable, sistema bancario fuerte, gobierno democrático, demografía favorable, sectores manufactureros globalmente competitivos, y grandes posibilidades de crecimiento a través de sus alianzas. El sueño mexicano parecía realizable…”es el momento mexicano para el salto del tigre azteca” No obstante todo lo que parecía un hermoso camino amarillo para llegar a la Ciudad Esmeralda de la felicidad económica, estaba lleno de cizaña.

Para hablar en sus términos, el daño estrutural se ha observado en tres ejes temáticos alarmantes: (1) la incapacidad del Estado y sociedad para frenar el derramamiento de sangre humana, en la llamada guerra contra el narco; (2) la espantosa inseguridad nacional, en particular en los conocidos estados fallidos, como Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Nuevo León—los más significativos— (homicidios, extorsiones, secuestros, robos, delitos menores); (3) la endémica impunidad de mexicanos corruptos en el gobierno federal, entre funcionarios estatales, y gran parte de la sociedad mexicana.

El martes 26 de mayo reciente, Enrique Peña Nieto propuso la duodécima reforma para crear el Sistema Nacional Anticorrupción: “todos, sociedad, y autoridades actuaremos con profesionalismo, integridad y honradez” señaló en el documento programático… Y, en verdad, estamos ofendidos ante la impunidad de numerosos corruptos en el gobierno mexicano. ¡Infortunadamente, nuestro Presidente ha perdido la credibilidad! Vuelve el cuestionamiento, ¿es realmente Peña Nieto capaz de gobernar México?, ¿cancelarán la legión de plurinominales– que en su mayoría buscan el fuero para evitar ser sancionados por actos de corrupción–como principio de coherencia estatal?

En 1990, el presidente Carlos Salinas de Gortari dictó un decreto para la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)—anticonstitucional por la falta de facultades presidenciales para expedirlo— ¿Intentaba Salinas en realidad la defensa de los derechos humanos? Gudiño Pelayo, de feliz memoria, sostuvo la teoría de que “la razón que llevó al presidente Salinas de Gortari a la decisión de crear la CNDH fue la de contrarrestar graves críticas internacionales que existían acerca de la situación que se estaba viviendo en México, y proyectar una imagen de sí mismo, como un Presidente estadista moderno”.

Esperamos que Enrique Peña Nieto, presidente de México, combata con efectividad la depravación de servidores públicos y privados, a través del Sistema Nacional Anticorrupción. No hacerlo demostrará que, por seguir el ejemplo de su mentor Salinas, esta duodécima reforma será el acabose.- M.G. Campeche, junio 2015.

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