Regreso al futuro

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Regreso al futuro
Manuel Gracián
Agosto de 2012

Dejé Campeche en 1985, hace ya 27 años. Invitado por el insigne maestro Dr Ignacio Chávez me instalé en el Instituto Nacional de Cardiología (que hoy lleva su nombre). Dejaba atrás mi vida en la Universidad: la fundación de la Facultad de Medicina, del Centro de Investigaciones Biomédicas y del Hospital General de Campeche; pero, lo más triste, me alejaba de mis padres, hermanos y de muchos amigos. Aún no entiendo claramente las razones de mi salida. El mismo maestro Chávez, varios años después, me dijo: “Hice un viaje a Campeche y ví cosas maravillosas; tu salida de Campeche fue como una locura”. El quedaba pensativo y yo me sonreía por fuera…

El tiempo se me pasó sin sentir; trabajando día a día en la atención de pacientes; conviviendo plenamente con mi esposa y mis 4 hijos; leyendo, estudiando, dando clases de medicina, tocando mi acordeón; aprendiendo a tocar el piano y…haciendo muchos amigos…

Un buen día alguien muy querido y admirado por mí–por su perseverancia y lucidez–me invitó a volver a Campeche. Vivía yo en Tampico, Tamaulipas. Hermoso lugar donde algunos tampiqueños son más campechanos que mis paisanos. Un plácido lugar que se fue infestando…hasta que la vida en ese hermoso pueblo (que se fue despoblando gradualmente) se tornó muy difícil y llena de incertidumbre.

Por fin hace un año volví a Campeche. En el Aeropuerto nos esperaba Gabriel (no precisamente el arcángel). Acepté la realidad, admiré y disfruté las bellezas naturales de Campeche. Desde el aire, San Francisco de Campeche parecía un bosque lleno de verdor y un mar de ensueño. Poco a poco fui recorriendo los lugares de mi niñez y adolescencia. Me dio mucha tristeza el abandono en que encontré al pintoresco poblado de Lerma, mi matria. Sentí alegría al ver la ciudad pintada con colores de arco iris, que no eran los que conocí de niño; y tristeza en darme cuenta que muchas casas, por dentro, sólo lo eran de fachada. La algarabía de la gente en el malecón o en la plaza de armas, o en algunas colonias; las exposiciones de arte, la música campechana y los conciertos casi al aire libre, templaron mi espíritu. Un señor Obispo que por su sencillez es un auténtico Señor. Templos expiatorios, templos de culto, y en el lugar donde se celebró la primera misa en la tierra firme del continente americano, San Francisco, un joven párroco sudcoreano y misionero (intelectual que habla 5 idiomas y ha publicado libros en coreano y en inglés), predicando en correcto español.

El encuentro con mis amigos fue ambivalente, mezcolanza de alegría y de nostalgia: “¿Y fulanito?”–Ya murió “¿y sutanito?” …ya está en el cielo; “y ¿menganito?” –Hmmm, deja pensar…creo que está en el purgatorio–concluyó mi amigo Gantús…Hasta que dejé de preguntar, por el miedo a descubrir que ya estaba muerto…

Pero la alegría iba en aumento, hasta que me topé de nariz con la enfermedad y la pobreza: legión de enfermos, en camillas, en sillas de ruedas, encamados; familiares durmiendo en el suelo o sentados en rincones esperando noticias de su parientes enfermos, que no llegaban nunca, ni con el advenimiento de las calendas griegas… Y la música cerca del mar; y el sufrimiento cerca de la cerranía. Y la algarabía nocturna de la gente en los merenderos del malecón; y la angustia de la gente en el Hospital de Campeche…

Hoy, a un año de haber regresado a mi querido San Francisco de Campeche me preguntó, ¿he regresado al futuro? ¿volví a un Campeche nuevo, 27 años después…? No lo sé…Me pregunto nuevamente: ¿volví al futuro? O Campeche sigue siendo como Brigadoon, aquel pueblo mágico de Escocia que surgía un solo día, cada 100 años, idéntico, sin cambios, hasta disolverse poco a poco..? No lo sé…

Ahora aprovecho la hospitalidad de Tribuna que, con el tiempo, se ha convertido en la conciencia colectiva. Y, si no me censuran, les contaré muchas historias; también prestaré mi voz a aquellos que son silenciados o no saben hablar; y procuraré motivar a muchos jóvenes que siguen siendo la gran esperanza de vivir en paz, armonía y felicidad, donde compartan la verdad, la bondad y la belleza.- MG Agosto de 2012.

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