Un presidente socarrón

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Don López es un presidente amoral, asaz socarrón. Su actitud hace pensar que no es un personaje de la vida real. Parece surgido del teatro del absurdo. Recuerda aquel figurante–Ubú Rey– que, cuando no deseaba escuchar una verdad, se introducía torundas de algodón en los oídos.

¿Es el presidente una persona de verdad? Se dice que la cuarta transformación lo convirtió en «marca registrada». Para evitar transgresiones lo llamaré, desde ahora, ´lopes’ (con minúscula, sin tilde y con s en vez de z).

‘lopes’ es un gran actor; posee gran poder de convocatoria y desempeña permanente activismo.  Nunca entendió que el auténtico activismo es el rebosamiento de la vida interior. Para él basta la fantasiosa sensación de ubicuidad y el aplauso de lambiscones.

¿Qué es un hombre moral? (Azorín define): «Un hombre que obra de acuerdo con los preceptos, las prácticas, las leyes, las costumbres, las instituciones del tiempo y del país en que vive». ¿Entonces, ´lopes´ es amoral?…  De nuevo Azorín: «el hombre amoral se crea él mismo sus prácticas, sus leyes, sus costumbres y procede según su voluntad y sus instintos». En otras palabras, voluntarismo: negación de someterse a la realidad porque no se ajusta a la propia visión de las cosas y a substituirla, por otra distinta, concebida por su propia mentalidad.

El amoralismo de ‘lopes’ ha degenerado en casuística. Presenta cada día interminable número de actos documentados con su ética personal. Y desde el escenario palaciego comenta, regaña, amenaza, ironiza, ofende, prestidigita, pontifica y deslumbra con su peculiar positivismo. Y se enferma sin haberse enfermado (por lo menos de coronavirus-19, ¿habrá sufrido ‘angor pectoris’?)  No hay duda, ‘lopes’ es amoral.

Siempre que escucho el voquible ‘socarrón´, pienso en Sancho Panza. (‘Don Quijote de la Mancha» II, 35). Intuyo que ´lopes´, en cada uno de sus actos, proyecta la realidad de su actitud interior como él la contempla; no siempre coincide con la del mundo real. El valor ético de sus acciones está oculto en lo más íntimo de su conciencia. Se manifiesta en su conjunto, de manera palmaria, la astucia con que procura su personal interés, con fina socarronería. Domina el arte de auto-exculpación de problemas nacionales engarzado, con enorme talento, para desplazar la culpa hacia quienes llama sus adversarios. Y todo eso, sin tapaboca de por medio: voluntarismo rampante.

En resumidas cuentas, don ‘lopes’, nuestro ‘lopes’ es un presidente asaz socarrón. – M.G..

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