Conversión en la Corte (II)

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Utopía mexicana
Conversión en la Corte II
Manuel GRACIÁN

II.- Justicia, sin garabato

 A la Suprema Corte de Justicia de la Nación mexicana se le ha considerado preclara garante del estado democrático. No obstante lo anterior, a pesar de la apariencia cristalina de la Corte como promotora de justicia,  en la realidad no siempre  es así. Con frecuencia se niega el amparo al inocente y se favorece, indirectamente, al poderoso. Cuando  se topan con una ley injusta, los jueces constitucionales sólo juzgan sobre la correcta o incorrecta aplicación de la ley. Y en círculo que los desborda, no se pronuncian sobre la justicia de la ley; además carecen de facultades (no tienen derecho) para presentar iniciativas de leyes ante el Congreso Federal. Antaño si por necesidad—convirtiéndose casi en un órgano policial de investigación—el asunto no les parecía importante o trascendente (en abstracto), los Ministros del Tribunal Pleno distribuían la carga de trabajo a los tribunales colegiados de circuito. Y cometieron derelicción con esta facultad. No obstante, muchas sentencias son verdaderos ataques a la libertad y a la dignidad humanas; pero eso sí: pulcramente legales, ayunas totalmente de justicia…

La observación dinámica de los jueces constitucionales en la Corte mexicana crea fuerte incertidumbre sobre la promoción de Justicia en México. Es fácil observar cómo desarrollan estrategias sofísticas y catárticas entre ellos mismos. Donde el responsable del procedimiento en debate siempre sale bien librado, algunos Ministros se coluden con los otros y—como en la lucha libre mexicana—el Presidente de la Corte define la balanza, de acuerdo a legalismos sumamente alejados de la Justicia.  Contradicciones de tesis, falladas a favor de los pudientes; garantías individuales, subestimadas; acciones de inconstitucionalidad resueltas con el más fino criterio de Critias, Protágoras y Gorgias — grandes sofistas de la historia.  No cabe duda, en México existe un gran sistema judicial: la Suprema Corte de la Legalidad; ¡la Justicia no siempre nace! Algunos de los jueces constitucionales de México  colocan a la ciencia del Derecho en la tesitura de dar validez jurídica a los atentados contra los mexicanos; pero revisten las sentencias con el elegante ropaje formal de la legalidad.

Los poderes jurídicos de México: Legislativo, Ejecutivo y Judicial deben integrarse armónicamente. El presidente Felipe Calderón no pudo procurar la coherencia Estatal y Global. El presidente Peña Nieto y sus adláteres se han encargado de deturpar a la Corte.  México no es un estado fallido; pero es innegable que muchos de los estados  que conforman  la República son estados fallidos. México pugna por ser un Estado democrático de Derecho; pero hasta ahora, parece comportase como el Estado Servil descrito por Belloc, en el cual las autoridades resguardan primordialmente los intereses del mundo aristocrático de  empresarios opulentos y, en última instancia, los de los trabajadores (¡habrá existido desde la independencia?). Como consecuencia existe actualmente un Estado ineficaz: un Estado de fuerza, con democracia disminuida.

 La Suprema Corte de Justicia de la Nación  es el único tribunal constitucional que puede declarar la invalidez de  una ley. Pero es fundamental que los juristas (no los jueces) combatan la ley injusta. Que propongan las razones para su abrogación o substitución. Pero tales recursos sólo puede hacerlos un poder distinto del judicial;  es decir, el Poder Legislativo. De allí que más que combatir la Ley Injusta, hay que evitar promulgar leyes insanas. . (Hasta la actualidad no existe  establecido en México un procedimiento legal para la abrogación o substitución de una ley injusta). Mientras los legisladores sean comodines y panegiristas del poder en turno, no se lograrán cambios a favor de la justicia.

Por lo anterior,  requerimos legisladores responsables, competentes y justos, pero además mentalmente  sanos, cuyo objetivo primario  sea el bien de la Nación mexicana.

Esta en proceso  una tímida y peligrosa reforma en la Corte… Apremia  la conversión de los Jueces naturales hacia la prosecución de la legalidad y de allí  decidirse por el resplandor de la justicia: la mejor justicia, la más rápida, la más accesible. Ejercer plenamente todas sus facultades para lograr la Justicia, sin garabato. Sólo la Justicia puede permitir a las personas una vida pacífica y armónica.

 El filósofo  de Königsberg advirtió tiempo atrás: “si la justicia llegare a desaparecer, no tendría valor la vida del hombre sobre la tierra”. En México: “Un pueblo que no goza de la paz que genera la confianza en la justicia está propenso a precipitarse en la abyección (Burgoa). Y el Filósofo, siempre viejo, siempre nuevo cantó: “Ni la estrella de la tarde, ni la estrella de la mañana, son tan admirables como la Justicia.”  M.G.

 

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