La vida humana

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Maravilla de Dios
La vida humana
Manuel Gracián
27. Abril.2013

La vida humana es sagrada; desde su comienzo compromete directamente la acción creadora de Dios. La individualidad comienza desde el momento de la concepción. Todo ser humano proviene de una céula inicial: el huevo (cigoto). Resulta de la conjunción de la célula masculina (espermatozoide) y de la célula femenina (óvulo).

Cada célula paterna y materna, posee en su interior una vesícula: el núcleo; en él habitan pequeñas partículas: los cromosomas; son 23 en cada célula. Por tanto, el huevo humano contendrá 46 cromosomas; es decir, 23 procedentes del padre, y 23 de la madre.

Los cromosomas son los artesanos de la herencia, los responsables de la persona. Están formados por  ácido desoxirribonucleico (DNA), en el seno de una trama de proteína. Cada molécula de DNA se compone de dos largos filamentos enroscados en doble espiral; están constituidos por una cadena de unidades elementales: adenina, guanina, timina, citosina.

La información genética se halla codificada en el DNA por la secuencia de los cuatro elementos orgánicos: adenina, guanina, timina, citosina. El código genético ha sido comparado con un alfabeto de cuatro letras con el cual se pueden deletrear miríadas de palabras. La gran variabilidad de acomodo de estos cuatro compuestos es elevadísima. Por esa razón es prácticamente imposible que, al azar de las combinaciones genética, lleguen a formarse dos huevos de idéntica estructura molecular, aún en el caso de gemelos.

En cada huevo humano la dote bioquímica, el patrimonio hereditario, es rigurosamente exclusivo. La vida aparece en el instante en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide. En esa colección de moléculas heredadas de ambos padres está inscrita ya la persona. Aún cuando se encuentra en estado minúsculo, microscópico, invisible a simple vista, ya está singularizado el hombre: ¡es único, irremplazable, insustituible.

El ser humano es creado como ejemplar único y jamás repetido (baste como ejemplo la maravillosa diversidad del rostro humano).

La concepción de la persona en el seno de la madre es un proceso singular e irrepetible de Dios creador. Por ello la destrucción de la vida humana en el claustro materno es un crimen abominable contra la naturaleza, contra el propio hombre  y contra Dios. No en vano se ha equiparado el aborto con el homicido: ¡Todo es cuestión de niveles!  Hay que llamar a las cosas por su nombre y evitar el eufemismo de la cobardia.- MG

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